El filme, que se desarrolla en los años 50, nos narra, con tintes costumbristas, la vida de los residentes de un barrio de Tokio durante la etapa de la posguerra y post ocupación japonesa, cuando el país estaba empezando a recuperarse económicamente. Como muestra de ello, se pueden ver planos con la famosa torre de Tokio al fondo en plena construcción, sin que ello tenga una especial relevancia en el argumento.
Lo que más me ha gustado de la película es cómo la actitud, la perseverancia y las pequeñas cosas de la vida son las que realmente nos pueden dar la felicidad. ¿Se puede reír y llorar al mismo tiempo? En esta película está claro que sí, porque el objetivo no es buscar el morbo del espectador que mira a través de su retina y ve situaciones ajenas, dramáticas y dolorosas desde su prisma occidental, sino que se plantean circunstancias cotidianas que se tratan con naturalidad y en las que nos podemos ver reflejados.
Los personajes, con sus identidades bien definidas, nos demuestran que todavía hay esperanza, que siempre que el corazón sea el motor de las decisiones que tomemos en la vida podremos equivocarnos o acertar, pero el destino nos tiene que recompensar por ello de alguna forma, aunque solo sea con la vista espectacular de un amanecer en esta calle tercera...
Espero que disfrutéis de este vídeo con imágenes de la película, acompañado de su conmovedora banda sonora.

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