Una vez más nuestro más original director, Tarantino, compone esta original historia como si de un cuento se tratara. Y no solamente por el título, propio del comienzo de los cuentos, sino porque al igual que hacemos con los cuentos tradicionales, de tradición oral, que se transmiten de boca en boca, los finales pueden sufrir cambios. Y así es como Quentin nos hace de cuentacuentos, presentándonos a sus personajes, redondos y complejos, en la piel de personajes prototipo; siguiendo la estructura clásica de planteamiento, nudo y desenlace; para terminar dándole la vuelta al clásico y, para sorpresa del espectador, que conoce desde el principio el final de la historia, nos presenta un final alternativo como si la oralidad hubiese desgastado el desenlace. El espacio: Hollywood; el tiempo: la época dorada del sueño del cine americano; los personajes: el bueno, el desdichado, la princesa en apuros, el villano rodeado de sus hippies secuaces; y por supuesto, con el toque mágico final que convierte situaciones puramente dramáticas y sangrientas en normalidad absoluta para un espectador que acaba impactado por las escenas que nuestro director propone. Interpretaciones de vértigo, una historia que no puede dejarnos impasibles y un final espectacular.
Magnífica película que nos describe cronológicamente el desarrollo vital de un afroamericano en las calles de un barrio deprimido y conflictivo de Miami, desde la infancia, pasando por la adolescencia hasta llegar a la madurez. La cuestión que se plantea en este film es el determinismo social en estado puro, hasta el punto de que el espectador tiene claro el final de la película desde el inicio de la misma, albergando la esperanza de que un giro mágico, que nunca llega, cambie la realidad inevitable. Creo que nuestro aprendizaje como especie nos ha demostrado a lo largo de la historia cómo nuestro entorno social determina nuestro carácter como individuo. Parece un tópico, pero el maltratador, maltratado; la víctima del alcoholismo, alcohólico, etc. Los hijos de la droga, el alcohol, la prostitución, los malos tratos, etc. inevitablemente han debido adaptarse al medio que los rodeaba para sobrevivir. Darwinismo desbordante que nos recuerda que, a pesar de todo, el fuerte, el que lucha de forma imposible contra estos condicionantes tan evidentes, es el que destacará por encima de todo; aquel que se diferencia de los demás, aquel que brillará a la luz de la luna de forma diferente. Luchadores que consiguieron burlar el destino marcado y que, por tanto, han supuesto un hito en la historia: Martin Luther King, Gandhi, Nelson Mandala, etc. Todos ellos empezaron a deslizarse por las injusticias del determinismo y consiguieron burlarlas. Y aunque ese es nuestro constante deseo viendo esta impactante película, nuestro personaje no es uno de ellos, sino uno de los tantos miles que no lo consiguieron, que no tuvieron voz. Queda un pedazo de esa inocencia dentro de su corazón, pero no lo suficientemente fuerte para derrotar todos sus demonios. Pero nunca hay que rendirse, seguirá mirando a la luna para recordarse lo que podría haber sido y nunca fue.
No puede venir más al caso esta nueva entrada y esta nueva película que os traigo en esta noche tan fructífera. Tenía guardada en la recámara varias críticas, pero prometo que ya no se irán acumulando, intentaré publicarlas en tiempo y forma.
"Trinchera": zanja defensiva que permite disparar a cubierto del enemigo.
"Infinita": que no tiene ni puede tener fin ni término.
Lo más ilustrativo que tiene la película es, sin duda, su título, que acabamos de definir, como hacen de forma muy acertada los directores, a lo largo de toda la obra. Porque realmente lo que pretende la película es precisamente definir un momento y una época que todavía hoy sigue sin poder tener una entrada en el diccionario, ya que ocurrieron cosas que no pueden tener, ni tienen, aunque nos empeñemos en ello, una definición lógica.
El marco: la Guerra Civil española; la situación: la de muchos pueblos divididos por las envidias y los rencores que llevaron a muchas familias a situaciones como las que se plantean aquí; los personajes: personas que sufren la injusticia y la rabia de la sinrazón. ¿Pudo estar una persona encerrada 30 años entre dos minúsculas paredes falsas detrás de la alacena de una casa? Aunque parezca mentira, pudo; y mientras tanto, la sociedad española iba asimilando poco a poco como la dictadura no era una cuestión de tiempo, sino que el tiempo se había aliado con ella, ya que parecía que nunca se iba a terminar...y es en ese momento cuando lo infinito cobra sentido para muchos de esos españoles que no cogieron una maleta y huyeron del país, viviendo el desarraigo de su tierra; sino que levantaron un muro dentro de sus propias casas y que, aunque vieron por el agujero de una pared, en el transcurrir de los días, crecer a su familia, también habían levantado un muro en sus corazones ya que habían sido víctimas y verdugos de su propio encierro. Ser secuestrador y secuestrado de tu propia vida va mucho más allá del "síndrome de Estocolmo" que todos conocemos, ya que ser dueño de tus propios actos, mirar con el paso del tiempo que tus decisiones ya no tiene vuelta atrás porque cada día que pasa es un día más, y que el día que tú esperas nunca llega y cuando parece que ha llegado desearías que no lo fuera; debe ser un auténtico infierno. Así vivieron muchos españoles la dictadura en nuestro país, los llamados "topos" de la Guerra Civil, olvidados por todos, encerrados y atrapados sin ver la luz del sol, sin sentir la brisa acariciar su piel, sin cruzar una palabra con nadie. Más que nunca, en estos aciagos momentos, entendemos lo duro que tuvo que ser vivir en un sin vivir. Una película que despierta sentimientos que todavía no están dormidos, ya que, desgraciadamente tenemos que seguir viendo cada día cómo las heridas de esta guerra siguen sangrando y cómo lo seguirán haciendo hasta que el sentido común y la voluntad no invada nuestros corazones y entendamos que esta página de la historia debe cerrarse de una vez por todas e intentemos algo que nunca hemos conseguido: construir una trinchera infinita que consiga incluir en ellas todas las voces desde el respeto y la tolerancia.
En estos momentos de confinamiento que nos está tocando vivir, retomar los aspectos reflexivos y las buenas costumbres, que requieren, sobre todo inspiración y tiempo; ha golpeado las puertas de mi cabeza después de varios años de precipitación vital que te consume los segundos como ambiciosos hombres grises. Y el retorno viene motivado por dos películas que han caído en nuestras redes en el último mes, dando la casualidad de ser del mismo director. Por este motivo he decidido poner su nombre a la entrada.
En el caso de La doncella (2016), lo que parece una película con un argumento normal basado en una situación que se va intuyendo conforme avanzan los minutos, se convierte en una trama compleja cargada de sorpresas que no dejan al espectador impasible. Llegado el momento, se van destapando cartas que muestran cómo el director ha estado jugando en todo momento con nosotros. Nos sentimos un poco engañados y perdidos, pero en seguida vuelve a hacernos un guiño guiándonos, de una forma magistral, a través de todos y cada uno de los caminos que ha ido elaborando a lo largo del largometraje y que finalmente se muestran claros ante nuestros ojos, aunque en algunos casos se presenten como situaciones esperpénticas y surrealistas. Lo anormal se convierte en normal y nos acostumbramos a las situaciones que se presentan. Un film que nos muestra la gran inteligencia de un maestro del cine coreano que nos tiende un hilo y una madeja para que juguemos como simples gatos atrapados por la hipnosis del movimiento. Sorprendida y abrumada, Park Chan-Wook consigue su objetivo.
Y si pensábamos que no nos volvería a engañar otra vez, estábamos bastante equivocados. Nos atrevimos con este segundo film del mismo director Oldboy (2003), que contiene el mismo estilo que la película anterior, en este caso, llevado aun más al extremo. Un valioso consejo: dejarse llevar en todo momento, no intentar buscar un argumento ni una explicación a las escenas que se van sucediendo. Únicamente hay que estar muy atento y mirar, mirar fijamente esperando que el director nos tienda una pequeña red de conexión que nos permita enlazar la telaraña que nos va tendiendo desde el inicio. La tela se va tejiendo poco a poco hasta que consigue atraparte y, una vez que estás en el centro de la misma y ya no te puedes mover, sin entender qué está pasando, en ese momento es cuando aparece la luz y consigues encontrar sentido a todo lo ocurrido. Tu mente ha olvidado ya muchas cosas, con lo que visualizarla otra vez podría darte una visión diferente de la película. Sin embargo, yo no soy partidaria de hacerlo, porque ya el juego no tendría el mismo sentido y la magia que pretende transmitir Park ya se habría perdido, sin duda.
Para finalizar, me gustaría comentar el perfil de los personajes que se nos presentan: seres humanos atormentados por una infancia o una juventud traumáticas que dejan entrever lo más oscuro y perverso de la mente humana que controla nuestro fuero interno y que no permitimos que se asome a la luz de la realidad en ningún momento, ya que si lo hacemos, corremos el riesgo de vivir situaciones como las que se nos presentan en estas dos excelentes películas: nuestros actos condicionados por los agentes externos que conforma nuestra personalidad. Como si de un experto escritor naturalista se tratara, nuestro director nos muestra la marginalidad representada en clases sociales altas que sufren y viven torturadas sin tener más escapatoria que la venganza o el engaño.
Hoy traemos una película muy peculiar, que trata un tema bastante recurrente en el cine, pero que no deja al espectador impasible ante la vida de un cantante de rock de los años 70, considerado uno de los grandes poetas malditos de la historia del rock. Con su forma de bailar en el escenario y sus peculiares actuaciones, en las que compaginaba una voz grave y unos bailes convulsos y sin sentido que lo transportaban a un mundo paralelo, conseguía atrapar a una juventud ansiosa por encontrar respuestas a sus inquietudes y a su necesidad de romper con un sistema que no daba respuesta a sus pretensiones.
Conforme nos vamos adentrando en el filme , el personaje nos empieza a caer mal desde el inicio...se muestra egocéntrico y presuntuoso en la mayoría de las decisiones que toma en su juventud...Su pasión por la literatura y la poesía lo encierran en sí mismo y lo elevan socialmente hasta el punto de tener que vivir emociones más fuertes, lo que provoca una aceleración en su vida...ya siendo muy joven decide casarse con Deborah, la que él considera la mujer de su vida...sin embargo, conforme nuestro poeta maldito va viviendo experiencias y madurando, se va dando cuenta de que la vida se le ha precipitado y se ha puesto demasiadas cadenas que ya, difícilmente, puede romper: su matrimonio, la llegada de su única hija, Natalie, la formación y consolidación de la banda de éxito Joy Division, que le exige compromisos constantes; la aparición de un amor imprevisto, que le recuerda la fugacidad de la existencia y la necesidad de revivir pasiones; el compromiso laboral, que le permite conocer la realidad social en la que vive; y, por supuesto, su cadena más pesada, su epilepsia, que en cualquier momento le juega malas pasadas y que nunca pudo llegar a controlar.... todo ello acaba justificando uno de los actos más egocéntricos y egoístas del ser humano: el suicidio....la única salida que nuestra peculiar estrella del rock consigue encontrar para firmar la paz entre tanto frente abierto. A pesar de todo, el personaje sigue teniendo una actitud que provoca el rechazo del espectador que, finalmente, asume que ha tomado una decisión que lo coloca en la misma situación que al principio de la película...Ian mirándose al espejo...
Un poeta maldito, sí, porque, independientemente de su talento, fue incomprendido en su época y no llegó a obtener éxito en su vida...rechazando las normas establecidas y apostando por un arte reivindicativo y provocativo...
Comenzamos el fin de semana con nuestra primera sesión de cine. Hoy se trata de una película de animación que me ha sorprendido gratamente a pesar de la temática y a pesar de saber que iba a entristecer un poco mi viernes.
Sin embargo, he descubierto en ella un enfoque diferente de una parte de la historia que vemos vagamente en los telediarios y siempre desde una visión occidental. Ahora, desde los ojos y la reflexión de la protagonista, que nos cuenta la historia, nos desnudamos de prejuicios y de sentimentalismos para enfrentarnos a una realidad que, desgraciadamente existe y a la que damos la espalda inconscientemente. Nos narra la conmovedora historia de una niña iraní desde la revolución islámica hasta nuestros días. Una niña que llega a conocer las dos caras de la moneda y que lucha, a lo largo de toda la película por no perder sus raíces, sus ideas y sobre todo su dignidad. Para conseguirlo, lleva consigo, a lo largo de su camino, la sombra de su abuela, una gran mujer que la aconseja y que protege su alma constantemente. Este personaje, es, sin duda, el que más me ha impresionado de la película. Nos cuenta que siempre olía a jazmín porque se ponía flores en el sostén durante el día y cuando por la noche se lo quitaba las flores caían lentamente al suelo inundando toda la habitación de ese aroma indescriptible. Esa es su abuela, una profeta en la tierra que materializa todas sus inquietudes y sus dudas en grandes máximas que no he podido resistir la tentación de compartir con vosotr@s:
"En la vida te encontrarás muchos gilipollas. Si te hacen daño, piensa que es su estupidez lo que les impulsa a hacerte daño, así no responderás a su maldad porque no hay peor cosa en el mundo que la amargura y la venganza. Sé siempre digna e íntegra contigo misma"
"El miedo nos hace perder la conciencia y nos hace cobardes"
Al final, nuestra protagonista, Marjane, queda atrapada en el mundo occidental, en el que su madre la obliga finalmente a permanecer para poder salvar su vida. Lo que su madre no sospecha es que ha salvado su vida pero ha matado su alma y su esencia, ya que en esa pérdida de identidad va implícita su soledad y su dolor.
Aquí os dejo el trailer de esta tierna y mágica película que no nos deja indiferentes.
Después de casi un año, retomo este interesante blog para ir contando las experiencia catárticas que sentimos en mi casa cuando, cada semana, intentamos disfrutar de este gran arte que nos fascina.
Hoy os traemos una película muy actual y muy nuestra, que sentimos muy cercana, en el tiempo y en la tierra, ya que despierta recuerdos de mi infancia y juventud recorriendo los carriles de la marisma con mi padre, contando cuántas especies de pájaros identificábamos en una mañana, para luego ir a tomar una manzanilla y unos camarones al mismo pueblo donde se desarrollan los hechos que se nos presentan.
Un thriller que mantiene en todo momentos al espectador con el alma en vilo...y aunque el tema en algunos aspectos puede resultar desagradable por la temática, nos engancha en todo momento. Destacamos la originalidad de algunas tomas, dejando al espectador siempre en el plano que el director quiere (concretamente hay una escena en la que Alberto Rodríguez nos deja dentro del coche, lloviendo a mares y con los limpiaparabrisas apagados, intuyendo la escena que, borrosa, se intuye) Dicha técnica y algunos planos confieren a la película ese carácter especial.
La película se presenta con una máxima: "nadie habla, todos ocultan algo", que podríamos aplicará todos los personajes de la obra, incluidos los dos policías que investigan el caso. La duda se siembra en casi todos los aspectos de este fin, pero que nos hace reflexionar sobre el hecho de que, al final, todos tenemos siempre cuestiones que ocultar.
Esperamos que os guste, y que disfrutéis de los maravillosos paisajes de la marisma.