En estos momentos de confinamiento que nos está tocando vivir, retomar los aspectos reflexivos y las buenas costumbres, que requieren, sobre todo inspiración y tiempo; ha golpeado las puertas de mi cabeza después de varios años de precipitación vital que te consume los segundos como ambiciosos hombres grises. Y el retorno viene motivado por dos películas que han caído en nuestras redes en el último mes, dando la casualidad de ser del mismo director. Por este motivo he decidido poner su nombre a la entrada.
En el caso de La doncella (2016), lo que parece una película con un argumento normal basado en una situación que se va intuyendo conforme avanzan los minutos, se convierte en una trama compleja cargada de sorpresas que no dejan al espectador impasible. Llegado el momento, se van destapando cartas que muestran cómo el director ha estado jugando en todo momento con nosotros. Nos sentimos un poco engañados y perdidos, pero en seguida vuelve a hacernos un guiño guiándonos, de una forma magistral, a través de todos y cada uno de los caminos que ha ido elaborando a lo largo del largometraje y que finalmente se muestran claros ante nuestros ojos, aunque en algunos casos se presenten como situaciones esperpénticas y surrealistas. Lo anormal se convierte en normal y nos acostumbramos a las situaciones que se presentan. Un film que nos muestra la gran inteligencia de un maestro del cine coreano que nos tiende un hilo y una madeja para que juguemos como simples gatos atrapados por la hipnosis del movimiento. Sorprendida y abrumada, Park Chan-Wook consigue su objetivo.
Y si pensábamos que no nos volvería a engañar otra vez, estábamos bastante equivocados. Nos atrevimos con este segundo film del mismo director Oldboy (2003), que contiene el mismo estilo que la película anterior, en este caso, llevado aun más al extremo. Un valioso consejo: dejarse llevar en todo momento, no intentar buscar un argumento ni una explicación a las escenas que se van sucediendo. Únicamente hay que estar muy atento y mirar, mirar fijamente esperando que el director nos tienda una pequeña red de conexión que nos permita enlazar la telaraña que nos va tendiendo desde el inicio. La tela se va tejiendo poco a poco hasta que consigue atraparte y, una vez que estás en el centro de la misma y ya no te puedes mover, sin entender qué está pasando, en ese momento es cuando aparece la luz y consigues encontrar sentido a todo lo ocurrido. Tu mente ha olvidado ya muchas cosas, con lo que visualizarla otra vez podría darte una visión diferente de la película. Sin embargo, yo no soy partidaria de hacerlo, porque ya el juego no tendría el mismo sentido y la magia que pretende transmitir Park ya se habría perdido, sin duda.
Para finalizar, me gustaría comentar el perfil de los personajes que se nos presentan: seres humanos atormentados por una infancia o una juventud traumáticas que dejan entrever lo más oscuro y perverso de la mente humana que controla nuestro fuero interno y que no permitimos que se asome a la luz de la realidad en ningún momento, ya que si lo hacemos, corremos el riesgo de vivir situaciones como las que se nos presentan en estas dos excelentes películas: nuestros actos condicionados por los agentes externos que conforma nuestra personalidad. Como si de un experto escritor naturalista se tratara, nuestro director nos muestra la marginalidad representada en clases sociales altas que sufren y viven torturadas sin tener más escapatoria que la venganza o el engaño.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.